domingo, 12 de febrero de 2012

Nunca supo reconocer...

Nunca supo reconocer el momento exacto,
justo,
en el que las palabras de más
se riegan en vómito a través de los dientes
y chorrean el cuello para avisar
que ya no más,
que se acabó,
que ya basta,
que duele.

Si tan sólo hicieran su queja más evidente,
si reventaran la piel húmeda con un grito de piedad insolente,
como el aullido de la tierra que es herida con hierro,
por fin lograría ver
que la boca que quedó abierta
goteando sílabas que ya venían muertas antes de nacer,
es la puerta abierta que se abre al enemigo más fiero,
es herir la piel para dejar entrar veneno,
es brindar a la salud del cuerpo mutilado que ignora
por qué callar es igual que sostener,
si es inevitable el escozor de los huesos hinchados
de agua impura que se ha estancado.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Frontera

Se congeló la sangre viva al cruzar la frontera

y se partió en mil pedazos sobre la tierra ajena.


Lejos de tus manos yace,

no moja mi carne vacía

ni enrojece mis mejillas cuando me miras y me causas vergüenza.


Ahí quedó:

insignificante,

muda,

torpe,

seca.

Sin nada que decir,

inválida,

a vista y paciencia.


Lejos de mí, mi sangre espera

que la recojas con tus pies,

que la beses

para que rompa la carnosa piel de tus labios y entre a tus propias venas.


Así viviré dentro de tu cansancio,

en tus días y en tus noches,

en tus dichas, en tus penas,

sin más distancias, sin reproches,

siempre y por siempre.


Y así probaré día con día mis besos en tu lengua,

sentiré mi tacto con tus dedos,

mi deseo en tus piernas

y nunca más me dejaré matar por el umbral

que ya no nos impedirá

ver con los mismos ojos la misma luna llena.


martes, 24 de mayo de 2011

Que entre...

Que entre, con furia, el ventolero

y que me peine el cabello estéril

con su húmeda mano de azúcar moreno

para recordar lo dulce que es el canto

del corazón que no duerme en enero.


Del norte viene, con aguacero de risas:

ya me mojo los labios,

ya me salta el pecho,

ya me hundo en su sabor a vino, a deseo.


Que pase,

que barra parejo

nostalgias,

soledades,

distancias,

miedos.


Que entre, con buena furia, el ventolero

y que se quede acurrucadito para siempre en mi cuello

para que me diga con sus párpados, a escondidas:

"¿ya te he dicho que te quiero?"

y para caminar por las noches desnuda de cuerpo,

pero vestida con aroma a tabaco,

a cuento de barro,

a encuentro.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Sueño Nº 364540

Estoy como en una pintura de Van Gogh.

Sé que somos tres personas, pero sólo uno va conmigo y yo lo guío. Es un muchacho alto, un poco fornido pero delgado, de buen aspecto (no lo conozco).

Es de noche.

El terreno baldío que está frente al Liceo se ha transformado en un campo de tierra, sin zacate, nada más que una estructura de pura tierra, sin techo. Ingreso al terreno con el joven y aparece una mujer de rasgos asiáticos y pelo negro (¡yo sabía que éramos tres personas!) Tampoco la conozco.

De repente empiezan a volar cuchillos por el cielo oscuro. Ella toma uno y me amenaza. Yo tomo uno para defenderme, al igual que el joven que va conmigo. Nos perseguimos. Tengo mucho miedo. Se acerca a mí y me corta el pie. Sé que es cierto porque siento el filo que me atraviesa la carne. (No puedo gritar. No sé por qué; no puedo.) Le pongo el cuchillo sobre la nuca para arrancarle de un corte la cabeza, pero no puedo, nunca he matado a nadie. Ella se aleja y mi pie parece regenerarse rápidamente. No sé qué había estado haciendo el joven, sé que andaba cerca de mí, pero no sé por qué no me defendió.

(¿Por qué no me defendió? ¿Está conmigo o con ella? ¿O estamos los tres en contra de los tres?)

Estoy impávida de terror, pero no puedo dejarme asesinar. Corro tras ella y conmigo va el joven. (Bueno, parece que está de mi lado.) La sigo y descubro que todos los cuchillos que han estado volando a mi alrededor pertenecen a un lugar dentro del terreno: los cuchillos con garras van en un hueco profundo que está apenas tapado por unas ramas de árbol secas, los cuchillos largos van dentro de la casa de tierra silenciosa y los demás parecen pertenecer al cielo. Mientras escapo de ella los voy tomando y los lanzo hacia donde pertenecen para romper el hechizo que me tiene luchando por mi vida.

Los lanzo hasta que no quede ninguno en un lugar que no le corresponda y confío en que eso cerrará el ensueño en el que me encuentro. Cierro los ojos...

...y cuando los abro me veo encerrada en la casa de tierra, indestructible y seca. Miro a través de una ventana como el joven y la asiática están fuera de este conjuro y salen huyendo. y que los cuchillos siguen volando arriba, esperando a que yo intente salir. Los veo alejarse mientras ignoro que en el cielo hay un montón de afilados cuchillos esperando que yo salga.

(Que alguien me despierte, por favor.)


miércoles, 14 de julio de 2010

De críticos, pedestales y escuelas de teatro



"(...) opiniones hay, pero quién las va a decir como yo, con ese estilo, con solvencia literaria, sapiencia, conocimiento, fundamentos estéticos, sin subjetivismos, con sabiduría,con ese arte, con ese manejo puntual de la redacción y ortografía, con mi humanismo, sin escribir jajaj, jejejekj, jijijij, jojoj ni jujuj, sin frases cortadas. (...) ¿Quién como yo, Evelyn? ¿Quién mejor que yo en críticas de cine? Dígame, que necesito bajarme del pedestal y quitarme los humos."





Hasta ahora no me había dado cuenta de que nunca he recibido una clase de teatro impartida por alguno de los críticos de cine y de teatro que se lucen en los programas de televisión y en los periódicos más conocidos del país. Qué preocupante.

Por un momento me asusté porque sus comentarios son fuertes, agudos, voraces, propios de aquél que lo conoce todo en las tablas y todo en las cámaras, agresivos, despiadados. Parecen juzgar con los ojos de quien lo sabe todo. Entonces, si yo estudio teatro, ¿cómo es posible que yo no haya recibido ningún tipo de formación de su parte? ¿Cómo me he perdido yo de eso?

En vez de buscarlos para que fueran mis tutores, me metí a estudiar al Taller Nacional de Teatro, única escuela en el país que, desde 1977, gradúa promotoras y promotores teatrales, además de actores y actrices, todos los años. Qué raro, ninguno de los críticos me advirtió del prolongado aporte del Taller, ni que en sus aulas iba a topar con profesores y profesoras humildes, con una larga trayectoria en las tablas, con Premios Nacionales bajo el brazo, con ganas de educar. Será porque no los conozco en persona que no me avisaron. Será por eso.

También pensé en estudiar en la UCR o en la UNA, por su larga trayectoria y sus docentes, pero los críticos dijeron que había que cerrar todas las escuelas de teatro del país, empezando por la mía: “¿Nos van a dar clases a todos?”, pensé. ¡Claro! Si ellos señalan con avidez todos los errores que existen es porque en un trabajo suyo no lo dejarían pasar jamás. Serían montajes perfectos. Wow.

Así que aquí estoy sentada, esperando. Estoy esperando que los críticos nos trasmitan su sabiduría, que ganen un premio por una actuación maravillosa, que hagan puestas en escena y películas perfectas que me dejen boquiabierta. Que sean mis directores para que no me permitan cometer errores nunca y así no tener que aprender por mi cuenta, que me amarren las nuevas ideas para no exponerme a la burla que acosa a quienes experimentan más allá de los límites que tolera la prensa nacional hipócrita y conservadora, que me digan todo lo que tengo que hacer para no desgastarme inútilmente pensando cómo inventar, cómo experimentar. Estoy esperando que los críticos me evalúen con la misma experiencia que mis profesores y profesoras, que hacen teatro desde las tablas, no desde la butaca.

Desgraciadamente soy alumna de una de las escuelas que quieren ver cerradas, una escuela donde los estudiantes no tenemos que buscar a los docentes entre pedestales, donde se nos enseña realmente a crear. ¿Cómo los críticos no nos advirtieron de ese lugar tan peligroso y terrible? Será que nos conocen. Será.

sábado, 10 de julio de 2010

¿Quiénes queman la leña del barco?

Cuando estaba en la escuela me enseñaron que el agua era un recurso inagotable, ni más ni menos. Lo más espeluznante de eso es que no han pasado tantísimos años desde entonces. O sí, tal vez, pero nunca los suficientes para que un recurso natural pase de considerarse eterno a peligrosamente agotable.

A pesar de las palabras de mi profesora de primaria nunca pude desperdiciar el agua. De hecho casi nunca pude desperdiciar nada: mi mamá nos enseñó a guardar incluso lo que parecía inútil y así crecimos todos, con la esperanza de darle uso a las tapas de los lapiceros, de botellas, a los envoltorios de las galletas y hasta las etiquetas de los refrescos. Así mi casa fue (y es todavía) refugio de materiales de sospechosa procedencia, pero que a la larga eran un milagro para resolver tareas escolares y enredos domésticos.

Es por eso que siempre tuve una inclinación hacia el reciclaje, aunque no me lo tomé tan en serio hasta hace algunos años cuando tomé conciencia de la destrucción que me rodeaba. Comencé a ver más ríos cargando basura, personas enfermas por tomar agua contaminada, envases plásticos imperecederos, latas, bolsas... Todo esto me llevó a poner en práctica las famosas palabras reducir, reutilizar y reciclar y a tomarlas como modo de vida. Y entonces fui un poco feliz, me sentí un ser humano menos dañino por algún tiempo.

Estaba satisfecha, pero también tensa: me la pasaba cerrando tubos, poniendo rótulos en todas partes, reutilizaba todo al máximo y reciclaba hasta lo más mínimo, reusaba las aguas grises, aprovechaba al máximo la luz solar... En fin, la meta de convertirse en una persona con poco impacto ambiental era extenuante, pero ligeramente satisfactoria.

Fue entonces cuando llegó a mí otra escena del aspecto ecológico: la de las transnacionales y las compañías. Eso fue un poco despertar, un poco morir y mucho incomodar porque, veamos entonces cómo es la cosa: mientras yo reciclo todo el plástico de la casa, como la más histérica, miles de restaurantes sirven todo en platos y vasos plásticos que van a parar a los basureros; yo aprovecho el agua al máximo y las empresas mineras gastan millones de litros de agua cada día; yo camino para evitar la contaminación que produce el consumo de petróleo, pero la BP ya se encargó de patrocinar el desastre más terrible en el Golfo de México. No hay palabras.

Esto me provocó ira, impotencia y resentimiento, pero me hizo descubrir que el ecologismo va más allá de reutilizar el envés de una hoja de papel. No es sólo un asunto de plantitas o de animalitos, es un asunto político. ¿Qué hacemos nosotros con reciclar el cartón de una Cajita Feliz ? ¿Qué ganamos con cerrar el tubo hasta retorcerlo si compramos pulseras de oro y plata? ¿Por qué nos desvivimos por respetar la Tierra si unos pocos la están exprimiendo por todos los demás?

Esto no quiere decir que ahora no nos va a importar el ambiente, para nada. Yo sigo reciclando, sigo economizando agua aunque me ven como una necia y sigo pensando que en cada acción mía hay una huella que no podré borrar. Pero no puedo entonces apoyar a quienes se encargan de destruir al mundo por mí. No puedo y no debo si es que el planeta me importa. Es un asunto de sentido común, de consecuencia.

Bien lo escribió Ana Istarú, estamos haciendo una gran fogata con la leña del barco en el que viajamos. Tiene razón, aunque ya el barco es de unos pocos, que son los que ponen en la fogata más leña que todos los demás.

jueves, 8 de julio de 2010

Soy tu sueño

Soy tu sueño,
tu compañera.
La que ya no te espera.
Tómame ahora,
no te des el lujo de abandonarme,
estoy detrás de tu puerta
y a la derecha de tu cama.
Y cuando la mires a ella
mis ojos te recordarán que me perdiste,
lamerás el rosado de mis mejillas
en la palidez de su cara.
Besarás mis labios en ella
y tus manos, inquietas,
revivirán mi calor en su cuello y su espalda.
Me buscarás entre sus piernas.
Invócame,
estoy en el sillón de tu sala,
te hago el amor
cuando ella no está en casa.
Camino a tu lado cada mañana,
enciendo tu espíritu de lucha cuando ella falta.
Soy tu sueño,
la compañera que ya no te espera
porque en el exilio
olvidó cuánto te extrañaba.
Tu sueño soy:
realidad, lejanía y memoria .
Recuérdame.
Llámame ahora.

viernes, 1 de enero de 2010

Cinco esquinas #1



"El pasado es el único lugar donde podemos refugiamos al huir de los hastías cotidianos, al huir de nuestras miserias, al huir de nosotros mismos."

Anatole France

Año nuevo

Suena el Himno Nacional. Los estallidos de los juegos de pólvora anuncian la llegada del año nuevo. La cobija que me cubre no dice nada, pero hasta ella se contagia de novedad con los reflejos de colores que le roba mi ventana a las luces.

Los ruidos de las explosiones son como manos que rompen los techos, o nubes hinchadas de sol que no puden resistir más y revientan al mirar la luna llena.

Mi padre se acerca para felicitarme. Yo finjo que no sé que han llegado las 12, pero lo abrazo y busco a mi mamá y a mi hermano menor para abrazarlos también.

Me devuelvo a mi cama fría y me oculto bajo el edredón gastado. No me dice nada, pero hasta él es cómplice.

domingo, 12 de julio de 2009

El cumpleaños de Neruda

- ¡Qué vaina eso de cumplir años! Yo no sé qué celebran tanto, si es un año más de viejo, uno menos de vida.

Decía eso mientras estiraba las mangas largas de la camisa. Nunca le gustó esa camisa. De hecho, había muchas cosas que no le gustaban.

- Aquí ni siquiera se puede hablar. La gente pasa y pasa, habla como si al día siguiente fuera a quedarse muda. Y reza. La gente va pidiéndole a Dios no sé qué cosas. Unos en su cabeza, otros en voz baja, pero puedo escucharlos a todos.

Hacía frío ahí. Por eso había decidido estirar las mangas que antes estaban dobladas. Las mañanas eran soleadas y cálidas, pero las noches sí que eran frías. Era clima de diciembre, pero era el mes de julio.

- ¡Cómo ha cambiado este lugar! No hay comparación. Las casas pululan por las ciudades, las escuelas no dan abasto. Creo que tendremos que construir casas de siete u ocho pisos porque sólo podremos expandirnos hacia arriba. Y cómo hay espacio arriba, ¿verdad?

Una mujer que recién había bajado del bus decidió no subir las gradas de la iglesia cuando lo vio. Él estaba acostumbrado ya, de por sí, pero, aunque no decía nada, le dolía su corazón y sentía como un calorcito en el pecho, como una llamita que se encendía y lo quemaba.

- Y yo que pensaba que aquí se podía estar solo. Mirá, te voy a decir algo: cuando estamos asfixiados y recuperamos nuestra libertad ya no sabemos qué hacer con ella. Aprendés a disfrutar solo, a valorar tu intimidad y revolcarte en ella. Pero, de repente, un día te despertás y descubrís que no, que no estabas solo, que nunca estamos solos. Están todas esas personas ahí, saludando, respirando, viviendo. ¡Qué cosa!

Era tarde ya. Ya hacía más frío y la camisa de manga larga dejó de abrigar el cuerpo que cobijaba. Ya las manos estaban heladas, como su cabello. Quería moverse, pero estaba por terminar el día y no quería irse hasta que por fin hubiera terminado el día.

- Hoy cumpliría años Neruda, ¿sabías? Pinochet lo mató. El golpe de estado lo mató de tristeza. ¿Te sabés alguno de Neruda? ¿No? Bueno, hombre, hay que saberse algún poema en la vida. Te alegran el rato a veces.

El perro lo miró con sus ojos cristalinos, pero no le contestó. El hombre miró el reloj y comenzó a bajar las gradas. Era libre ahora, por fin. Cruzó la calle sin prisa y se perdió entre la neblina.

jueves, 11 de junio de 2009

Autoretrato número uno


“El teatro es la poesí­a que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesí­a y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al dí­a con una fuerza tal, que muestren sus traiciones, que se aprecien sus olores y que salga a los labios toda la valentí­a de sus palabras llenas de amor o de ascos.”

Federico Garcí­a Lorca, “Conversaciones literarias: Al habla con Federico Garcí­a Lorca.

sábado, 6 de junio de 2009

Los patios


Qué de cosas maravillosas encierran los patios.

Cuánto color dan los objetos inútiles, las mangueras en desuso, los oxidados tarros de pintura amarillenta y las aves que revolotean en el palito de cas. (Nunca dio cases el palito de cas. Tampoco el árbol de mangas, salvo la vez en que mi mamá lo regañó y esa vez dio mangos pequeñitos, como para que viéramos que daba algo)

¿Cuántos seres viven ahí?




¿Cuántos ojos se desplazarán por la planicie viva para ser aplastados por el pie inquieto que no sospecha lo que ha provocado?

¿Cuánta lluvia tragará la tierra que me mira tender la ropa los domingos?




sábado, 16 de mayo de 2009

Fahima

Me fueron a buscar hace un tiempo. Mi padre, con los ojos llorosos, me avisó que el visir del rey Harun - al -Raschid venía por mí. "Escucho y obedezco" dije, aunque pocas ganas tenía de marcharme.

No había nada que llevar: en el palacio tendría ricos perfumes, frescas frutas de todas las temporadas, collares y brazaletes, espesas alfobras españolas y sedas chinas. Una docena de esclavas me levantarían cada mañana para hundirme en vaporosis baños florales y los visires me complacerían en los más exóticos ruegos. Todo para mí.

"Sé sumisa, Fahima" me dijo mi madre, y me fui con el visir.

Cuando llegué al palacio mis esclavas me lavaron el cuerpo y el cabello. Quemaron oloroso sándalo junto a mí para perfumar mi piel y luego me envolvieron en una suave tela perfumada con jazmín y rosas. Con henna decoraron mis dedos, con kohl dibujaron mis cejas, con joyas ataviaron mi cuello. Me dejaron en un aposento donde el hermano del rey vendría a llevarme al cuarto principal, pues Harun - al - Raschid no me había mirado a los ojos.

Hayat, se llamaba. Cuando entró a mi cuarto pude sentir la suave fragancia del almizcle de su cabellera y su rostro iluminó el mío, como la luz de la luna cuando estalla en blancura. Él me miró fijamente y dijo: "Sé que te han traído para que alegres a mi hermano, pero ahora que te veo comprendo que Alah te ha puesto en mi destino"

Catorce noches estuve compartiendo el lecho del rey y amando a su hermano. Catorce largas noches. El rey nunca permitiria que yo me quedara con su hermano, así que ideamos un plan: yo iría una tarde al mercado, pues se me apetecía comprar telas finas de la India y bandejas labradas, él llegaría ahí y nos marcharíamos juntos.

Salí. Ahora lo busco y, a la vez, huyo.

No volví al palacio, pues sé que él está afuera buscándome.

Esa tarde salí. Él no ha llegado todavía.

viernes, 12 de septiembre de 2008

No más bolsas plásticas

Recibimos bolsas plásticas cada vez que salimos a la calle. Llegamos a nuestros hogares con bolsitas de distintos tamaños y colores que se van acumulando hasta que , por tantas que hemos recibido, ni sabemos ya dónde ponerlas. Algunas personas las reutilizan: las usan para echar la basura, ropa, periódicos, entre muchas cosas más. Otras acumulan tantas que terminan echándolas a la basura, junto con todo lo demás.
Para nadie es un secreto que el plástico es un material sumamente dañino para el ambiente. Desde que estamos en la escuela sabemos que este dura alrededor de 100 años en descomponerse; al cabo de este tiempo, el plástico se convierte en un puñado de partículas tóxicas, nocivas para cualquier ser viviente. Algunos países y comunidades han implementado normas para controlar el uso de bolsas plásticas, pero la mayoría de ellos no han reaccionado contra este problema tan grave.
Entonces, ¿cuáles opciones tenemos? En Costa Rica hay un par de supermercados que dan bolsas biodegradables, que terminan descomponiéndose en menos tiempo que las bolsas regulares. Sin embargo, siguen convirtiéndose en desecho. La mejor opción es no aceptarlas en los locales comerciales: si es algo que puede cargar en su bolso o en su mano ¿qué necesidad tiene de que le empaquen aún más el producto? Diga que no quiere la bolsa y diga por qué no la quiere. Tal vez esa persona también medite sobre este asunto cuando lo escuche a usted. Claro, hay casos en los que necesita algo en qué llevar lo que compra, como cuando se va al supermercado o a la feria del agricultor. En ese caso lleve un bolso de tela: son más resistentes, 100% reutilizables y puede llevar el diseño que quiera. Piense cuántas bolsas dejarían de usarse si lleváramos siempre bolsos de tela.
Atrévase. Lleve una siempre con usted y eche una en su carro para que la tenga a mano cuando la necesite.

jueves, 28 de agosto de 2008

Dulùitãmĩ: la mujer que se hizo mar

Cuentan los ancianos bribris que Dulùitãmĩ era una mujer muy hermosa, con una cabellera, siempre húmeda, que le llegaba a los pies. Dicen que cometió incesto con su hermano Bulùrnak y que quedó embarazada. Ella se enfermó, por lo que decidió visitar a un awá, un médico indígena, para que curara su mal. El awá cantó durante dos noches y le dijo a la mujer que ya podía regresar a su casa. Ella accedió, pero le pidió prestado un bastón sagrado para ir a su hogar y regresar a terminar el tratamiento. Aunque al principio no quería prestárselo, el awá le permitió llevarse un bastón, no sin antes advertirle que por ningún motivo debía dejarlo caer al suelo. En el camino, Dulùitãmĩ sintió ganas de orinar y dejó caer el bastón para ver qué pasaba. Cuando terminó, vio que el colorido bastón ya no estaba y cuando se puso a buscarlo una gran serpiente la mordió. Con mucho esfuerzo logró llegar a su casa, pero como estaba enferma y sola, murió sin dar a luz. Una vez que la mujer estaba en la tumba, dejaron dos ranitas sobre ella para que no se abriera. A los cuatro días las ranitas comenzaron a sentir hambre y pensaron que podían bajar un momento a buscar comida y después subir al cuerpo de nuevo. Cuando brincaron al suelo para atrapar algo para comer, la panza de Dulùitãmĩ reventó y salió un árbol que creció hasta el cielo. Los pájaros comenzaron a cortar ramitas con sus picos, pero el árbol seguía extendiéndose. Sibö̀ hizo que Alàbulu, el gigante que hizo las sabanas, lo derribara y, una vez hecho esto, mandó al venado, al gavilán tijereta y a la babosa que lo arrastraran alrededor del mundo. Cuando hicieron esto, Sibö̀ sopló cuatro veces y todo se convirtió en agua. Es por eso que el mar pasa por todo el mundo.